PINK FLOYD. "THE PIPER AT THE GATES OF DAWN" (1967).



Hace aproximadamente un mes, un último 28 de febrero, comenzaban las lluvias intempestivas en Madrid. Han cesado tan solo hace un par de días, por el horizonte saluda un sol tímido, saca el periscopio entre unas nubes que cuelgan de un cielo oleado, aun inquieto. Recuerdo que en esa misma fecha del mes pasado anunciaba "un cambio de órbita",  hablaba entonces del space-rock, género amplio que incluye variados estilos musicales, como nuevo argumento, nuevo guión para revitalizar un blog abandonado a su suerte. Dudo ahora si utilizar el atontamiento producido por las inusuales y pertinentes trombas de agua para excusar la tardanza en la publicación de una primera entrada. Puede que alguien notara la falacia, pero el campo de marzo está quedando precioso.

Recupero la publicación en la que entonces me basaba, "Interstellar Overdrive. The Shinding! Guide To Spacerock", para fijar definitivamente la atención de un lector improbable. El primer grupo que aparecía en las páginas de esa magnífica revista inglesa era Pink Floyd y el artículo, extenso y bien documentado, que firmaba su autor, Austin Matthews, hacía referencia a la banda londinense utilizando un titular incuestionable: "The Reluctant Spacerockers" , "Los Reacios Spacerockers", en la traducción más directa y comprensible. Sus dos primeros Lps, "The Piper At The Gates Of Dawn" y "A Saucerful Of Secrets" (1967 y 1968, ambos en Harvest Rcds) eran presentados como el paradigma del llamado space-rock.

Syd Barrett quedaba constituido como el principal protagonista de la historia, mucho más accesible (a pesar de su ya preocupante estado mental) en el primer Lp, en el segundo apenas participa. Sea como fuere, no sorprende el repetido discurso del resto de los miembros de la banda. (Roger Waters, bajo, Rick Wright, teclados y Nick Mason, batería). Aunque partícipes en una mínima querencia por la ciencia ficción - lectores de las obras de Robert Heinlein, el "Dune" de Frank Herbert y Ray Bradbury - nada que ver, según declaraciones de los propios miembros, con este estilo space-rock. "El rollo espacial era una milonga. Ninguna de nuestras canciones tenían nada que ver con el espacio exterior. Se trataba más bien del espacio interior. Era de lo que siempre trataron, de tipos humanos y de sus interioridades" (Roger Waters, Rolling Stone , Noviembre 1987). En definitiva, una etiqueta acuñada por unos medios que, inicialmente asombrados por sus actuaciones en el club UFO, plenas de juegos de luces psicodélicas, humos y efectos de sonidos e iconografía underground (diapositivas bañadas en ácidos) detrás del escenario, pretendían transmitir a la audiencia el nacimiento de una nueva era; aquí y ahora - aducían - llega una escena vanguardista, experimental, el no va más de la cultura musical innovadora, bautizémosla como space-rock.


"The Piper At The Gates Of Dawn" se graba en los Abbey Road Studios en la primavera de 1967. Pink Floyd viene avalado por el éxito de sus dos primeros singles, "Arnold Layne" y "See Emily Play" (ambos en Columbia Rcds, 1967) y este hecho les permite firmar un contrato con EMI y un adelanto de 5.000 libras. Producido por Norman Smith, Ingeniero de Sonido en la primera época de The Beatles (hasta el "Rubber Soul" de 1965), este ténico de prestigio da cuenta de los contínuos problemas que el propio Syd planteaba durante gran parte de la grabación. Conducta errática y caprichosa, desapariciones injustificadas, pretensión de criterio exclusivo a la hora de seleccionar el sonido más adecuado. Los excelentes medios materiales existentes en el estudio (los Fab Four están grabando en el estudio vecino su "Sgt. Pepper´s...") además de la participación y ayuda de un gran profesional como Peter Bown en las labores de Ingeniero de Sonido, reducen la tensión y encaminan la grabación hacia un final pletórico, pocos discos de aquella época "suenan" tan bien como este "The Piper At The Gates Of Dawn".

Intento escuchar este disco como si fuera la primera vez; imposible, son tantos los recuerdos que afloran en el baúl de Mari Trini que convierten esta tarea en una quimera. Sucedía por entonces (comienzo del verano de 1974) mi primera visita a Inglaterra. Alojado en Beenham, un pueblecito (no tan alejado de la campiña inglesa de Thomas Hardy) ubicado en la M4 entre Londres y Bristol, tenía a la ciudad de Reading como centro neurálgico más cercano. En una de sus tiendas de música me hice con este doble "A Nice Pair" por un precio bastante asequible. Compendio de los dos primeros Lps de la banda, el sello EMI,  através de su subsidiaria Harvest, había decidido  publicarlo aprovechando el innegable tirón del "Dark Side Of The Moon" de un año antes. 

Residía en la mansión de los Coates, una célula familiar pure british conformada por Missis Coates, dama adscrita a la imaginería thatcheriana, Mr. Coates, un borrachín con bigote colonial, Francis, el hijo mayor, un escuálido joven de mi edad y Rose Mary, una chica rolliza y algo enamoradiza. Todos ellos se lavaban poco. Quisiera recuperar una fotografía en la que aparezco en el extenso jardín de su casa, una suerte de escalonamiento dirigido hacia ninguna parte, observando algunas moreras elevadas hacia el tibio sol inglés. En el reverso del "A Nice Pair" aparece una fotografia en la que un personaje (su cara se hallaba censurada) observa una plantación de marihuana. 

El sonido del riff inicial del "Astronomy Domine" (Syd no tomaba prestados riffs como lo hacían Clapton, Beck o Page) debería convertirse en el parpadeo de la banda sonora en alguna película de Stanley Kubrick, la batería llena de ecos colgantes una habitación en Kensington High Street (alli, en un antiguo parque de bomberos, pasé mi primera noche en Londres), el órgano zizaguea entre las comisuras de los labios libaneses de la monja alférez, todo el tema esponjea esos arcoiris tantas veces soñados. "Lucifer Sam" (¿aparece una controvertida Jenny, la novia de Syd en Cambridge, o se trata de un gato?...) aumenta la energía cinética de la sala de billar, es tan poderosa su presencia rítmica que permite apremiar al oyente, no te queda tiempo, tu decisión tiene que llegar ahora y debe alcanzar la altura de lo que escuchas. "Mathilda Mother" reparte la baraja de un cuento infantil, lo hace aparentemente, porque enseguida el eco de sus teclados perfuma la estancia de humos extraños (y exige aun más atención al oyente). "Flaming" reconcilia al mismo oyente con su olvidada infancia, posée un sonido tan primitivo como los posos en una marmita de té, la abuela abre el libro de las "fairy tales" y los niños se adormecen con el último coro. En "Pow R. Toc H.", grita la corneja en el bosque del piano, la batería suena a pozo desestancado, los teclados vuelve a marcar la melodía del cortejo animal, el ambiente de fondo suena a veces a western, a desierto, a huella de lagartos, a pulpa de agave disecada. El último tema de la cara A, "Take Up Thy Stethoscope And Walk" (considerado inicialmente como un cover de Muddy Waters, con gran enfado de Roger Waters, su verdadero autor) se desliza como el esperma diseñado para acrecentar el desorden de los sentidos, pocas canciones tan prodigiosas como esta locura, las rimas carraspean en un parlamento de maravillosa definición ("bed, head, bread, underfed, bled, red..."), termitas humanoides se agolpan en Hyde Park Corner. Definitivamente, es muy difícil llegar tan lejos.

"Interstellar Overdrive" marca la época dorada del glacial psicodélico. Repaso las notas del tema más supuestamente space-rock del álbum. "El Viento Entre Los Sauces", novela de Kenneth Grahame, la doctrina del I Ching confuciano, el "Dan Dare, Piloto Del Futuro" de Frank Hampson (famosísimo en Inglaterra, nuestro "Capitán Trueno"), todas ellas influencias reconocidas por un Syd Barrett entonces en plena efervescencia compositiva. De pronto me encuentro en una esquina de Leicester Square con una chica joven que me pide ayuda, los guiños ácidos del riff (Peter Jenner, mánager entonces del grupo, acreditó la influencia del "My Little Red Book" de Arthur Lee en este tema), los overdubs hirientes, la hojalata extrema del ritmo de batería, anteceden todos la génesis de una larva incógnita, un hombre con el torso desnudo y tatuado escupe fuego ante los atónitos paseantes, casi 10 minutos de un sonido auténticamente cerebral, nervioso, atolondrado e íntimo. El tic-tac de "The Gnome" nos devuelve al Syd más accesible, "look out the sky / look out the river / isn´t it good", esa visión suya tan falta de maldad, tan inocente, se prolonga a través de una lengua inglesa asombrosamente entonada. En la lírica de "Chaper 24" Syd vuelve a la influencia del misticismo chino (I Ching, "The Book Of Changes")... el espacio, identificado con el movimiento, se compone de diversas esferas en las que los números juegan un papel predominante, el sonido es aquí más ondulante, los efectos de eco y, sobre todo, la dicción de Syd (siempre delicada) retratan una composición sosegada, su secuencia calma al oyente. "The Scarecrow", un nuevo tic-tac anticipa una melodía ceñida a la voz de Syd, el repiqueteo de las tablas y, muy en la línea de flotación, unas suaves capas de órgano y flautas, arropan un viento campestre, también infantil. "Bike" cierra el disco como si se tratara de la culminación de un ciclo. Frente al empuje de los temas más ácidos (los conocidos inicios de ambas caras), este tema relata una aventura convencional del protagonista, la bicicleta le sirve para establecer contacto con una chica mientras que la melodía, variante en sus trazos, concluye con unos efectos que nos acercan, una vez más, al relato del hechizero Barrett.

"The Piper At The Gates Of Dawn" se publica el 5 de Agosto de 1967. Syd se había inspirado en "El Viento Y Los Sauces" de Kenneth Grahame para el título del disco, una novela esta que, además de capturar la atmósfera idílica de las praderas de Grantchester (¿alguien recuerda el "Grantchester Meadows" del "Ummagumma" dos años posterior...?), le sirve también al compositor de Cambridge para asentar una tendencia "natural" a la lírica subsconciente, con visos de ingenuidad idílica. Allen Evans desde NME otorgó al primer disco de Pink Floyd cinco estrellas. Joe Boyd, anterior productor del "Arnold Payne", lo calificaba como un gran disco, destacando a "Bike" como "una de las mejores canciones de todos los tiempos". Tan solo algunos puretas, antiguos asiduos del club UFO, pensaron que el disco no alcanzaba la emoción experimental de la banda sobre el escenario. La guinda del pastel negacionista del álbum la expuso Pete Townshend: "Era como bubblegum - música de Mickey Mouse - y pensé que el tipo que lo produjo era un idiota".


Regreso, para finalizar, a la revista "Interstellar Overdrive", tan beneficiosa ha sido su influencia en la elaboración de esta primera entrada dedicada al space-rock. Con su permiso, me apropio del último párrafo del autor del artículo, Austin Matthews: "Prefiero retornar a la fuente y escuchar el surrealismo místico y de libro de cómic de un Syd que inició todo este asunto: "Jupiter and Saturn, Oberon, Miranda / And Titania, / Neptune, Titan, Stars can frighten, / Blinding signs flap, Flicker, flicker, / flicker blam. Pow, pow, / Stairway scare, Dan Dare who´s there"?

   


Comentarios

  1. Estupendo texto para tan imprescindible disco, Javier; sigue sonando único y adelantado.

    Un abrazo.

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  2. Excelente reseña, Javier, en tu estilo inconfundible. Yo sitúo a ''The piper...'' como uno de esos álbumes de importancia histórica incuestionable que, pese a todo, han envejecido mal. Y mientras pienso en ello, y cuestiono lo que acabo de escribir, constato lo grabados que tengo algunos pasajes del disco, algunos riffs y fraseos, y que ya solo eso es señal de que me equivoco, de que un clásico de este calibre no es un clásico porque sí. No importa la época en la que se descubra. Por eso un texto como el tuyo es necesario, porque evitas los lugares comunes y sabes rescatar el brillo de lo que hoy es más difícil de apreciar.

    De hecho, hay destellos geniales y, como apuntas, una originalidad que no tuvieron otros, mucho más apegados a la inercia de los tiempos. Solo los más grandes saben innovar y afectar a las modas musicales. Me siguen sobrando muchos minutos de ''Interstellar Overdrive'', y puede que no esté a la altura para apreciar como tú un tema como ''Bike''. Antes me quedo con ''Mathilda Mother", ''Astronomy Domine'', ''Lucifer Sam'', la amable ''The gnome''... Pero siempre es momento de pararse y volverse a enchufar este particular viaje. O, en mi caso, alguna de sus paradas.

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  3. Curioso descubrimiento y recorrido del grupo en mi caso...de The Dark Side of the Moon marcha atràs hacia A Nice Pair, de ahí hacia adelante (sin omitir ninguna parada) hasta el Wish You Were Here y otra vez de vuelta al pasado hasta el The Madcap Laughs de Syd Barret. Allí, punto final y vuelta a empezar una y otra vez. Genial entrega bro!

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