GRITO.


Altos de Horcajo de la Sierra (Madrid), verano de 2010. La roca parece gritar con sus aristas a un cielo suave, ligeramente sombreado por escasas nubes.

La roca es un animal petrificado; sus líquenes son manchas que muestran el paso del tiempo. Aunque sus contornos están claramente modelados, se siente su aridez al tacto, hay un clamor que sobresale de sus perfiles, una amenaza que exige agua a un cielo tan severo como la roca.

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