PLEAMAR





FABIANI                            "EL NUEVO LANZALLAMAS"
Conocí a Fabiani una tarde de niebla blanca que amenazaba con nevada, fue en la falda noroeste de la sierra de Madrid y antes de hacerlo había tenido alguna referencia suya a través de Hubert, un buen amigo que abandonó el cortejo del rey José I cuando dejó definitivamente la Corte española. Debo decir que Hubert es un personaje único, él dice que es francés aunque yo no he conocido en mi vida tipo más vaquero y más serrano, siempre tan generoso a la hora de compartir sus extensísimos conocimientos musicales. Total que Hubert me regala unos meses antes de conocer a Fabiani la última publicación del artista, "El nuevo lanzallamas" (PromoSapiens, 2017) mientras me recomienda vivamente su escucha. El evento tuvo lugar en el Castilla de la Plaza de los Cuatro Caños de Collado Villalba, un café-bar que representa mucho más que punto de encuentro para las siempre sedientas almas de la zona. Simboliza, quizás sin saberlo ni dueño ni asiduos parroquianos, uno de los más auténticos garitos de intercambio de información musical subterránea de la provincia de Madrid. Una vez allí dentro el tiempo se descuelga de las manillas, la prisa es un concepto ignorado, si acompaña la climatología se sale un momentito a la calle a tomar un buchito de aire, lo justo para volver al habitat natural del local, el ruido de los bares que no son de música pero en los que casi exclusivamente se habla de ella.

Bueno, pues allí fue, en ese sorprendente paisaje pueblerino donde conocí a Fabiani y mientras hablaba con él quise recordar a qué sonaba su música, cuestión a todas luces insensata porque Fabiani entró en fase de bajamar a las dos o tres escuchas de su "El nuevo lanzallamas", lo debo reconocer. Vestigios de un pop bien trabajado, unas melodías más de amigos alrededor del fuego de una chimenea que de una fiesta "rave" en cualquier polígono de la periferia, después de unas breves, y ya casi olvidadas audiciones, el bagaje se hacía tan liviano que la memoria se negaba a dar más señales de vida inteligente. Una pena, porque es en esos momentos, cuando uno quiere quedar bien con el artista y sus pensamientos se diluyen como el sonido de unas escobillas sobre el parche de la batería, zig, zag, se acabó, hablemos de otra gente.

Para aliviar mi descuido Fabiani amablemente me habló de su proyecto DWOMO, también de LE GRAND MIÉRCOLES, una suerte de pasarela donde tiene cabida su obra como hombre de música,  como artista multidisciplinar. Ingente y hermosa actividad en la que me introduje, indagando en la variada y profusa información disponible en las Mallas del Pescador, con el objeto de conocer más de cerca el alcance de su creación. Fue allí, en el presente indicativo de los verbos regulares, donde Fabiani entró en fase de pleamar, el nivel del agua alcanzó su plenitud, coincidiendo, eso si lo recuerdo bien, con el mayor trasiego de botellines de Mahou. Tanto me gustó lo que encontré que a los pocos días compartí en las redes sociales el enlace de DWOMO, me puse también en contacto con su sello discográfico www.halloffame.es  y a los pocos días tenía en mi casa la última publicación de Fabiani como DWOMO, la fascinante TRILOGÍA FANTASMA.

La secuencia que les relato a continuación es cabalmente cierta, ignoro si el haber padecido últimamente sueños un tanto extraños tuvo algo que ver con la fatalidad ocurrida. Recibí la TRILOGÍA FANTASMA, un coqueto cuaderno conteniendo tres de la últimas grabaciones de DWOMO ("Electroshock Taronger", 2013, "Por el aire", 2014 y "El eslabón perdido", 2015), además de un MANUAL DE ANTIETIQUETAS ILUSTRADAS, una serie de divertidos y sorprendentes dibujos obra del artista gráfico Carlos Maiques. Un golpe fortuito de mi mano dio en el suelo con el conjunto del libreto, con tan mala suerte que el "Electroshock Taronger" (subtitulado como "DWOMO canta a Valencia") desapareció de mi vista. "¡Pardiez, cómo es esto posible!", me pregunté incrédulo. Pues sí, después de pasar un buen rato eliminando probabilidades, deduje que el celofán que cubría el CD se había deslizado por el suelo para terminar científicamente introducido debajo de un armario cercano. Sin posibilidad alguna de recuperación, a menos de desmontar las puertas del mueble, opté por aceptar un destino que entonces me pareció demasiado cruel. Conclusión, el "Electroshock Taronger", la revisión de canciones de artistas valencianos que DWOMO grabó como homenaje a una ciudad muy querida por mí, duerme el eterno sueño junto al polvo oscuro, las perdidas monedas de veinte céntimos y algún que otro clip oxidado. Buena compañía.

Introducirme entonces en la audición de los dos CDs restantes me hizo recuperar de nuevo "El nuevo lanzallamas" y decidí volver a escucharlo, una y otra vez, junto al "El eslabón perdido", una recopilación de caras B e inéditos que recoge grabaciones de la primera época del grupo (2001-2005, autoeditadas o publicadas por el sello DRO), y que representan para mí lo más brillante del paquete, ya manco de por vida, como el de Lepanto. Decirles que estas dos obras me sirven más y mejor que la Tarjeta de Transporte Público sería quedarme corto, me trasladan sin mover un solo dedo por paisajes que, además, vienen ya definidos por la propia banda. Porque DWOMO son un dúo, el formado por Jorge Lorán Martín-Fabiani y Antonio J. Iglesias, con ideología propia, unas Tablas de la Ley perfectamente desarrolladas en los textos que les sirven de Sagradas Escrituras, las ANTIETIQUETAS, una suerte de Manual Ilustrado para el Perfecto Boy Scout del siglo XXI.

Puede que "El nuevo lanzallamas" entre dentro de la antietiqueta "MINI HARD FOLK" y, si así fuera, las descripciones incluidas en la página informativa nos hablarían de "folk nervioso", "pop vecinal", "chançon for stay awake", "galactic pop", "eclectic surf", "melodías resistencialistas" o "juego precoital". Si "El eslabón perdido" lo hiciera dentro de la llamada "RETROFUTURISTA", lo describiríamos como "space folk", "himno de avance", "afterpunk de entretiempo", "astro performance", "robótica menor" o "ciber defensa". Elijan ustedes la antietiqueta que elijan, esos trece calificativos, entre otros muchos más, propuestos por el dúo de artistas se cerrarían en uno solo, el llamado "COSMIC COCKTAIL", una especie de resumen de "amarás a Dios sobre todas las cosas" (de hecho dentro de la obra de DWOMO hay una grabación conocida como "Disco Dios", PIAS, 2009, que digo yo que algo tendrá que ver el paisano...) y que podría acercarse, con mucha certeza etimológica, a lo que la banda en definitiva pretende, mostrar al oyente, un combinado metálico-gominoso-ortopédico donde quepan todos los estilos y géneros que les hayan podido servir de influencia.

En muy pocas ocasiones me ha ocurrido necesitar hablar de dos discos simultáneamente, como es el caso. "El nuevo lanzallamas" y "El eslabón perdido" se suceden en los platos sin descanso posible; no quiero, no me da la gana dejar de escucharlos y departir con quien me quiera atender, es tal su poder de seducción, en su conjunto de raíz cuadrada, canción a canción, en aisladas señales que buscan a un cómplice, alguien que tenga una sola razón para acercarse a la música de Fabiani-DWOMO. No tengo hoy ninguna obligación de adorar la geografía de las cenizas, mi razón es una reflexión que tiene más que ver con la necesidad de conservar la flora vaginal, de contemplar aros de cerezas en las bocas de los niños, de ver diminutos globos aerostáticos en peceras de 40x40. La ondulación de los temas brinca caprichosamente desde "No le intentes detener" hasta "Charles, el guardabosques", despega en "Monkey Man" para aterrizar en "Samba triste", se despeña en "Plantas carnívoras" para estallar en "Destino Memphis", y así hasta 31 temas en total. No importan tanto los títulos, la gran mayoría de ellos inspirados en una acertada sucesión de visiones interiores, importa un sonido que haga del oyente un muñeco de peluche, arrullado en los brazos de una matrona romana, sin querer despertarse. Mucha culpa de este cúmulo de sensaciones la tiene el tercer miembro de DWOMO (y también colaborador del Fabiani en solitario), Fernando Polaino. Su labor de producción en ambos discos es un prodigio de ingenuidad eléctrica, sus arreglos son portentosos; además de revelar un profundo conocimiento de lo que se trae entre manos, ocupa los espacios sin saturarlos, deja vías abiertas para que la ensoñación del oyente vuele por territorios llenos de algoritmos, de álgebra antigua.

No voy a desertar este año de mis obligaciones. Una de ellas es hacer de la obra de Fabiani-DWOMO cabecera de mis mejores momentos, los de pan de trigo y lecturas al sol. Otra va a ser pedir a Jorge Lorán Martín-Fabiani que siga, que no pare de hacer música. Ignoro cuales son sus planes presentes, qué le tendrá deparado el futuro a DWOMO, un proyecto que emula la grandeza de la catedral milanesa, el genio latino contaminado por tantos años de oleajes. Le suplico que no deje de hacerme tan feliz. A Carlos Maiques que de alguna manera avise cuando tenga pensado hacer alguna exposición de sus obras en Madrid. ¡Ah!, y a Hubert le exijo que no se retire de la puerta del Castilla, aunque yo llegue tarde y sin avisar, como es mi inveterada costumbre.

Comentarios

  1. La próxima visita a tu casa, me pones ambos discos mientras desmontamos el armario en busca del tercero. Como Melange, muchas etiquetas, pero todas asimiladas para sonar al grupo.

    Abrazos.

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    1. Con la Iglesia hemos topado amigo Gonzalo, ya mencioné a mi mujer lo de la "solución" y me tiró los trastos en el sentido literal de la expresión. Lo que sí queda pendiente es la comida en casa. Ya te avisaré.
      Abrazos,
      Javier.

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  2. He tenido la suerte de ver en directo a Dwomo, y tengo que decirte que pocas veces he visto un frontman que arrase como lo hace él en directo, directamente te arrastra con su energía implacable y sobretodo con sus tablas. Un gran desconocido. Esta primavera si todo va bien tendremos a los Dwomo cerca de mi casa. Saludos cordiales, gran reivindicación.

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    1. Por cierto, buscaré este disco de Fabiani. Gracias

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    2. Tengo la signatura de ver a Dwomo en directo aun pendiente, aunque creo que para este 16 de febrero actúan aquí en Madrid Le Grand Miércoles, otro de sus proyectos musicales. La verdad que descubrir su música fue una auténtica revelación, y creo que puedes hacerte con el disco de Fabiani pidiéndoselo a jlfabiani96@gmail.com
      Gracias y saludos,
      Javier.

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