ANTÍGONA REVISITADA




RENAISSANCE                         "ASHES ARE BURNING"
¿Por qué las palomas huyen cuando nos acercamos a ellas, por qué diablos remontan el vuelo y dejan de picotear en el césped?. Por favor, fíjense en la foto de la portada de "Ashes Are Burning", contémplenla unos instantes y díganme: si realmente hubiera decencia, ¿resolveríamos la gran escasez de alimentos en Venezuela publicando en la prensa española los muchos casos de abusos contra menores?. Este enigma le trae al pairo a la media sonrisa de Annie Haslam, mitad fría, mitad sensual, maldito calor de Febrero. El corte de sus labios anuncia un pequeño temor, de momento ignorado, quizá se trate del posible hartazgo de luz que le viene encima, puta primavera anticipada, quiero lluvia ya. Apuesto que sus besos (nunca y siempre fueron míos), se encontraron entre bancos abandonados, líquenes en los kits de Coca-Cola, caminos del extraradio por los que ni de coña me atrevería a pasar. Aunque le cueste reconocerlo, el autor se encuentra ahora babeando como un babuino, nunca pensé sentirme como la cenicienta del "Just Like A Woman", así que me temo que ahora tendré que enfrentarme contra las urracas lapislázulis del Imperio ("en aquel campo de batalla donde la uña negra tiene su castillo", exigencias del guionista). ¡Buff!

Apenas existían datos sobre esta entrada en el cuaderno de notas del autor, de hecho él mismo confesó, en un arrebato tonto (con el que pretendió dignificarse), no haber encontrado ningún antecedente para publicarla. Eso sí, reconoció que aparecieron unos breves apuntes que hacían referencia a la idea de desarrollar un diálogo entre un protagonista (aun no conocido) y el mismo autor. Pretendió servirse, como ejemplo de estilo, de unas anotaciones subrayadas en el libro que en ese momento estaba leyendo pero, por más que buscaba la identidad de un personaje al que dar vida, no lo encontraba. Nadie quería hacerse cargo de un papel cuya representación no estaba siquiera imaginada, figúrense el compromiso, dedujo, hablar por hablar sin ningún hilo argumental, ¿quizá haciendo acopio de pensamientos e ideas inicialmente deslavazadas, transversales? El escritor parece ser buen conocedor de sus limitaciones y suele vencer el bloqueo utilizando una serie de trucos (en los que habitualmente falla), por ejemplo, olvidarse de él mismo y dejar que sea el propio texto el que vaya caprichosamente tomando la iniciativa; otrosí, pensar que por prepararse un combinado de alta graduación alcohólica acelerará la llegada de las musas.

Ignoro la razón pero me encuentro obligado a confesarles que sufro excesivo calor por la noche en la cama, padezco además de un insomnio intermitente, que va y viene a su antojo, cabronazo, que no duermo demasiado bien vaya. Eso sí, he de reconocer que en algunos momentos tuve sueños interesantes, ¿lo suficientemente atractivos como para escribir algo sobre ellos?, presumo que no pero por fortuna ya los he olvidado mejor así menudo apuro el intentar contarlos. Ahora que caigo..., lo del exceso de calor nocturno..., ¿podría tener alguna conexión con el título del disco del que hoy hablamos, "Ashes Are Burning"?, y ya puestos, ahora recuerdo que no hace mucho publiqué una entrada hablando del "Burn" de Deep Purple. ¿Debo deducir por ello que mi relación con la música esté degenerando hacia lo paranormal, que me queme tanto para lo bueno como para lo malo, que la cera y las cenizas sean en este caso mi habitat natural? Aunque a estas alturas no me sienta inclinado a buscar otro pesebre más confortable, la puñetera pereza, he de admitir que sería conveniente encontrar una situación intermedia, aquella que me permita evitar de momento la visita al psiquiatra.

Un avión surca el altísimo por un cielo intensamente azul y frío y, antes que desaparezca, el autor pretende recoger el testigo de su mensaje, que no lo dejes escapar, agárralo bien fuerte, se trata de un inesperado rastro del que quizá te puedas valer para así presentarnos a la Primera Dama, Annie Haslam, voz (¿solo eso?) de Renaissance, banda inglesa de folk-rock progresivo que destacó durante una buena parte de la década de los 70. Lo que resulta increíble es que ese rastro tuviera al mismo tiempo otra voz, otro protagonista no femenino, en ese mismo transcurso de la estela, una voz que sonaba también a no masculina, pero no, era la del contratenor alemán Andreas Scholl interpretando los "Cantates pour alto" de Bach. Vale, sigamos lanzados por esa pista, aunque inicialmente no se afiance su apuesta, porque (estas ya son noticias provenientes de su gabinete de prensa) una de las razones fundamentales para la creación de Renaissance fue la aproximación de la música clásica al lenguaje del rock. Habla Jim McCarty: "Hacia el final de los Yardbirds quisimos hacer algo un poco más poético, algo no tan heavy, más folky, ya tuvimos suficiente de heavy-rock. Cuando a finales de 1968 Keith y yo dejamos a los Yardbirds ya habíamos escrito algunos temas. Nos movía nuestro interés por la música experimental de John Cage, también la clásica y la contemporánea". McCarty y Relf, batería, voz y armónica de los Yardbirds, planeaban por entonces un cambio sustancial en su carrera artística, el momento era propicio, cualquier envite parecía contar con una audiencia juvenil ingenuamente dispuesta a aceptar nuevas emociones, otra cosa sería lo que la prensa pudiera opinar sobre el resultado de tal iniciativa, pero de eso hablaremos más tarde.

Supongo que la sociedad de aquel lejano 1974, año de la publicación de este "Ashes Are Burning" de Renaissance, no era peor que esta en la que hoy vivimos. El asesinato de Víctor Jara, cantor del pueblo en Chile, el golpe de estado en Portugal a los sones del "Grândola, Vila Morena" de José Afonso y el retorno de Mikis Theodarakis a la Grecia ya libre de los coroneles (junto al antecedente inmediatamente anterior de Lluis Llach en el Olympia de París), no fueron más que anécdotas, muy importantes por su calado emotivo y sentimental, gotas de lluvia en un inmenso océano musical donde la industria anglosajona, y muy en particular la estadounidense, seguían marcando la pauta a seguir. El primer acercamiento a un grupo como Reinassance, repaso ahora la base de datos de las compras de aquel 1974, coincidió con el descubrimiento de otros artistas, John Martyn o Mike Oldfield, alejados ambos de la horma común de los grupos de rock de la época. Porque conocer a Renaissance, nada sabía de la banda, adentrarme inicialmente en su música, fue una apuesta entonces arriesgada, también una agradable sorpresa al encontrarme con la maravillosa voz de Annie Haslam, desde entonces abanderada perfecta de aquellas utopías que convertían este tipo de música en especial en una pequeña toma de la Bastilla. Esa grandeza inigualable en su rango vocal de cinco-octavas (¡no, por Dios, me acabo de enterar que Mariah Carey también la tiene...!), acompañada por una instrumentación adecuada y arreglos orquestales ad hoc, llegaba para quedarse en buena hora, parecía una de las señales tanto tiempo esperadas.

La secuencia instrumental que da pie a la entrada del primer tema del disco, "Can You Understand", se convierte en una inesperada catarata, desde el primer gong introductorio, el piano marca una pauta en continuo crescendo, la batería literalmente galopa, el bajo sacude el espacio sin compasión, al llegar a los primeros versos, bellísimos, la sensación del oyente es de incredulidad, qué disparate, cómo puede ser esto tan bueno. La voz de Annie prolonga el arrullo, su prodigiosa extensión melódica medita entre fibras aéreas, los coros, cortos y sutilmente intensos, los puentes orquestales, precisos en su suave contundencia, transportan al oyente a estados de feliz espasmo. En "Let It Grow" ya he pedido la mano de Annie Haslam, su fraseo, la delicadeza de su voz de alas, "Stay with me, here with me, keep our loving flowing free", no admite paso atrás, ahí está la verdadera patria, entre mujeres como ella. El piano de Tout alcanza tal profundidad que más parece llorar de alegría, los coros, otra vez perfectos acompañantes, culminan un tema de altísimo lirismo. "On The Frontier" cierra una cara A, tan solo tres temas, ¿para qué más?, prodigiosa. Es esta una pieza más coral, la banda asume un papel si cabe más didáctico, "It´s peaceful revolution time to join the day now", todos a una en propagar la buena nueva, traspasemos la frontera, dejemos atrás la oscuridad.

Más tarde, ahondando en la historia de Renaissance, descubrí a su otra protagonista femenina, la poeta y letrista londinense Betty Thatcher-Newsinger. Ligada al grupo desde su primera época, cuando Jane Relf, hermana de Keith, ejercía las labores de primera vocalista, su aportación resultó fundamental para remarcar otra de las más importantes peculiaridades de Renaissance, sus textos, reclusivos (la autora tuvo problemas por su extrema timidez durante la adolescencia), de oblicua belleza. John Tout y Jon Camp fueron entonces los principales instrumentistas de la banda, el primero como teclista, el segundo al bajo. Tout posaba sus manos de mariposas de hierro en los teclados, su sonido tenía la limpieza del tai-chi de Mozart, nada que ver con el ambiente honky-tonk. Camp me recuerda, paso de las debidas distancias, al Jaco Pastorius que Joni Mitchell buscó en su "Hejira", (el autor, al ser testigo de un reciente concierto de Wilko Johnson, hace muy bien en mencionar ahora a otro bajista excepcional, Norman Watt Roy, antiguo Blockheads de Dury y  miembro de la banda actual del ex-guitarrista de Dr. Feelgood), sus acordes abiertos otorgan al disco un espacio más amplio, mayor holgura, carruaje. Terence Sullivan ejerce a la batería su labor de buen funcionario, titular de un estilo que primaba el aspecto melódico de su instrumento sobre el propiamente rítmico. Michael Dunford, guitarra acústica en la grabación, aunque no aparece en los créditos como miembro oficial de la banda es considerado, de hecho, como tal por los seguidores y estudiosos de su historia (fue él quien dio un empuje definitivo a la formación una vez que Keith Relf y Jim McCarty se desligaron temporalmente de Renaissance), es nuestro último personaje digno de reseña.

En la cara B sigue el tono coral que abre "Carpet Of The Sun", los arreglos de cuerda de Richard Hewson le otorgan, además, ese gusto de música clásica del que hablábamos. También hay aquí algo que abunda en muchas de las canciones, el mensaje de solidaridad, de comunión entre hermanos, de búsqueda de una nueva Arcadia, "Part of the world that you live in / You are the part that you´re giving". En el piano inicial de Tout  en "At The Harbour" escucho ecos de los monólogos de Kurt Weill, puede que también aparezcan distintas variables de las "Gimnopedias" de Erik Satie. Es este un tema de lirismo antiguo, la voz de Annie recoge las de aquellas mujeres que esperan el regreso de sus seres queridos, "Women weeping holding hands / Of those they still have left", el corifeo final es augurio de un final trágico, "For men the sea have drowned". Toda la composición está debidamente recreada para imitar la atmósfera de una tragedia griega. Cierra el disco "Ashes Are Burning". Es este, junto a "Can You Understand", el segundo tema más extenso, situado como aquel en su extremo expuesto, los polos se atraen inexorablemente, su orquestación goza del tiempo suficiente para estirarse, lo convierte en mitad instrumental y mitad cantado. El piano de Tout, junto al admirable bajo de Camp (el único instrumento amplificado durante la toda grabación), sustrato rítmico, marca la pauta al resto de los componentes, la guitarra de Andy Powell de Wishbone Ash, muy al final, le otorga un plus apenas eléctrico, su riff es hermosísimo, casi de línea telegráfica apunto de interrumpirse, la voz de Annie mantiene su dulce vigor de himeneo. "Ashes Are Burning", en su conjunto, no puede dar más de sí, más allá se convertiría en un vuelo imposible, podría caer como Ícaro, estrepitosamente.


El reconocimiento posterior del "Ashes Are Burning" fue muy pobre por parte de la prensa inglesa, nada extraño porque, desde sus dos primeros trabajos, "Renaissance" (1969) e "Illusion" (1970), a la banda le acompañó en paralelo un patente desconcierto generalizado. Sus antecedentes Yardbirds, usados por los medios para darlos a conocer a su público potencial, no encajaba con el tipo de música que entonces practicaban. En consecuencia, en estas sus dos primeras referencias su estilo, mezcla de folk, rock, clásica y experimental, no tuvo el apoyo necesario de la crítica. Lo mismo ocurrió con su siguiente álbum, "Prologue" (1972), una obra que, además de ser el estreno en la banda de Anni Haslam (y figurar también como última participación de Jim McCarty), anticipa el estilo musical por el que Renaissance será posteriormente reconocido. La nueva orientación que Miles Copeland III, mánager de la banda desde 1971, quería impulsar, esto es, potenciar la imagen de Haslam, sirviéndose de su prodigiosa voz y, por otro lado, consolidar el tándem compositivo entre Betty Thatcher y Michael Dunford, no daría sus primeros frutos de gran calidad hasta este "Ashes Are Burning", pero tendrán que esperar a la aparición de su siguiente "Turn Of The Cards" (1974), para que el favor de la prensa y el público inglés comiencen a tener un efecto positivo. En los EEUU vino a ocurrir algo parecido, aunque el reconocimiento de la banda fuese algo anterior y, desde luego, mucho más profundo. Sus primeros conciertos allí, en 1970 y 71, en los que compartieron no pocos carteles con The Kinks, no ayudaron a situarles inicialmente en un nicho de mercado adecuado. Deberán entonces esperar a la publicación del mencionado "Prologue" para que su base de fans se asiente y crezca, curiosamente con mucha mayor profusión en la amplia zona costera que va desde San Francisco hasta Seattle, precisamente allí donde bandas como EL&P y Yes habían conseguido una gran cantidad de seguidores en años anteriores.






Comentarios

  1. Si este artículo hubiera aparecido en la contraportada como presentación del disco “ASHES ARE BURNING", otro gallo hubiera cantado. Seguro que habría tenido más éxito que el que tuvo.
    En su momento, en mi discoteca se podían encontrar los dos primeros LPs. de "Renaissance". Eran otros tiempos. Por cierto, no aclaras si la dama te concedió su mano (“En "Let It Grow" ya he pedido la mano de Annie Haslam”).
    Y hablando de octavas ¿conoces a Yma Súmac? Esta abarcaba también cinco octavas y media.

    Saludosssssssss

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  2. Pues no, al final la dama se negó a concedérmela, estaba demasiado centrada en su carrera, o eso le entendí... No conozco a Yma, investigaré, desde luego.
    Gracias y saludos,

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  3. O sea, que por un lado eres invernal y por otro te atraen las brasas... Bueno, no hay nada como un buen fuego de invierno, al abrigo de las inclemencias exteriores.

    Es curioso, creo que nunca había pensado en la coincidencia, en el mismo año, del triste protagonismo de Victor Jara junto al luminoso de Jose Afonso.

    Ese disco probablemente es el más "redondo" de Renaissance, pero casi todos los suyos son atrayentes; incluyendo el primero, cuando aún estaban Relf, McCarty y la hermana (admirable, por cierto, esa decisión de abandonar el camino trillado del blues rock y probar suerte con un estilo completamente nuevo para ellos).

    Saludos mil.

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  4. Puedo hablar desde el "Prologue" en adelante, hasta su etapa del vivo en Carnegie Hall, no más, lo anterior y posterior no lo he escuchado, y si, entre ellos elijo sin ninguna duda este "Ashes are Burning" como el más completo. En aquellos años muchas cosas estaban por hacer, los nuevos estilos se creaban de la noche a la mañana (con mucha cocina anterior, eso es cierto)y creo que eramos muy receptivos a cualquier tipo de novedad. La apuesta de Renaissance no cuajó en un principio, pero cuando lo hizo fue para quedarse. De hecho, en EEUU tuvieron bastante éxito, mucho más que en las Islas.
    Gracias y saludos,
    Javier.

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