EL ROCK Y LAS CIUDADES XIV: MÚNICH.


 No confesaré, por más que insistáis, no lo haré, no descubriré el título del libro, tampoco mencionaré aquel capítulo que comenzaba con ese párrafo: "son las tres, son las nueve, son las once y media"... porque resulta evidente que el tiempo se comporta caprichosamente, afecta a cada lector según lo que él mismo interprete. Suenan (porque si) The High Llamas, su maravilloso "Peppy" extiende su mármol de seda entre la penumbra de la habitación. Confieso que hay momentos en que me sorprende sentirme vivo. Contemplo las palmas de mis manos y veo surcos como trincheras, también manchas de tierra entre mis dedos, las uñas llenas de un sol blanco. Sigue la música disfrazando ese tiempo aleatorio. Hood, una muy recomendable banda británica capaz de grabar temas como "The Light Reveals The Place", antecede en el plato al "Dennis & Luis" de The Happy Mondays, "let´s ride, right on, right on". Hace días me elevé desde el fondo de la piscina, ascendía emparejado a las burbujas y en la superficie surgió el inesperado espectáculo de los soleados acantilados de Ibiza. Mi lengua recorre unas encías que mantienen el sabor a cloro y duelen como el corcho quemado. El suelo de la habitación sube y baja al compás de las olas de la pecera. El segundero del reloj marca las cero y ventiuno, las cuatro menos diez, las seis y venticuatro. ¿Quienes son los que llaman a la puerta? ¿Son acaso los sueños de la noche?

Ella me mira, por el sudor en su cara intuyo el sabor de una patata mojada. Tomo fotografías de mujeres distraidas, tumbadas sobre el césped de la piscina, apoyadas en las barras de las cafeterías de los supermercados. Como un voyeur, solo me atrevo a admirarlas. Aparecen algunas palmeras cerca de la portada de un disco de Nina Simone. Imagino descifrar la geografía de un pavimento lleno de cicatrices, a un lado confluyen los ríos de polen amarillo, al otro los meandros de los orines de los perros encallados en la base de las aceras. Llaman mi atención los faros traseros de los viejos vehículos abandonados en la calle, su imperfección me parece hermética, también hermosa. Recorro cientos de páginas de libros, de revistas y periódicos atrasados. Julian Cope me ha llamado por teléfono. "I call you but I still don´t know why". 

En apenas dos años (desde 1943 a 1945) la ciudad de Múnich fue bombardeada por los aliados un total de 66 veces. Cuando los alemanes se rindieron en Mayo de 1945, alrededor del 60% de la capital bávara se encontraba seriamente dañada o completamente destruida. A partir de entonces son dos las corrientes que se enfrentan a la ingente tarea de la reconstrucción urbana de la ciudad. Mientras los conservadores abogan por volver al formalismo anterior a la contienda (para recuperar así una arquitectura clasicista, ya asentada desde hacía siglos en el espíritu nacional), otros (representados por la Escuela de Arquitectura de Múnich) parten de la idea de la derrota como un nuevo concepto, un valor diferente a tener en cuenta. Entienden que desde las ruinas debe surgir un espacio más abierto a los ciudadanos, acorde también con la necesidad de evitar unos pastiches historicistas que podrían reinterpretarse como los de una antigua potencia vencida pero no sometida.

Quizás sea esta última acepción la que mejor pueda utilizarse como símil de la música de Faust (también válida para muchas otras bandas alemanas que surgen en la recién estrenada República Federal a finales de los años 60). Pero hay que matizar. Reivindicar el formalismo de la arquitectura alemana supone apoyarse en la vida exterior e interior de sus edificios más emblemáticos, anclarse en la tradición; aplicar la corriente opuesta a la música teutona de entonces (olvidémonos del Schlager y de artistas como James Last y su Orquesta) se limita a desechar en gran medida la influencia que el rock y el pop anglosajón han impuesto desde mitad de los años 50. Frente a ese dominio ajeno, en cierta forma extraño (aunque las bandas se sirvan de su fuerza rítmica, de su explosiva instantaneidad), el género musical que conocemos con el nombre de kraut (no pocas veces denostado por sus propios intérpretes y protagonistas) surge como contrapeso autóctono, como una necesidad perentoria de decir "después de la tragedia debemos redescubrir quienes somos y qué queremos hacer".

El pujante y prolongado desarrollo económico de aquella época transforma también la arquitectura de Múnich. Prueba de ello es la construcción en 1966 del Arabella High Rise Building (actualmente rebautizado como Sheraton Munich Arabellapark), un enorme hotel alargado como una colmena, repleta su fachada principal por balcones igualados en su baja emotividad artística. Imaginemos desde su azotea de 23 pisos una toma aérea de la ciudad. Enfrentados en dirección norte y noroeste circunda el hermoso (y bien conservado) Englischer Garten, en realidad un gran parque rebosante de senderos melancólicos. Lo bordea por su lado oriental un estrecho río Isar que desde esta altura más parece canal que río. Las pequeñas cascadas del Tivoli marcan la frontera que lleva al visitante hacia la zona sur de la ciudad, la más turística. La torre de la famosa Marienplatz sitúa la plaza homónima en un cuidado entorno urbano que agradece la ausencia de edificios de mayor altitud. Más hacia el oeste, la puntiaguda torre de comunicaciones del Olympiapark se clava en un cielo rasgado por nubes grises y cobres.

Sin embargo, lo que a nosotros nos interesa se encuentra en las catacumbas del hotel Arabella. En los primeros años 70, el compositor, productor y hombre de negocios Giorgio Moroder crea en los bajos del edificio el célebre Musicland Studios. Por sus salas de grabación, un conglomerado de pasillos acristalados, altas columnas de oropel y moquetas color mostaza, pasaron bandas y artistas de la talla de Led Zeppelin, The Rolling Stones, Queen, E.L.O., Marc Bolan & T.Rex, Deep Purple, Elton John, Rainbow, Sweet..., Donna Summer grabó allí su famosísimo "I Feel Love", paradigma de lo que muchos han acreditado como tedéum de la música disco y antesala de los estilos tecno y house. En esos mismos estudios de Musicland, Faust graban en 1974 el que sería considerado como su quinto Lp, denominado por los propios músicos como "5 and a half" (o "The Munich Album" por los más entusiastas de sus seguidores). Las cintas originales dormirían un sueño aparentemente eterno hasta que, este año 2022, el sello Bureau B decide sacarlas a la luz.

La brigada de demolición compuesta por Zappi W. Diermaier, Hans-Joachim Irmler, Jean-Hervé Péron, Rudolf Sosna y Gunther Wisthoff se dispone a la faena. Su ingeniero de sonido, Kurt Graupner, capataz de la cuadrilla desde sus primeras grabaciones, les ha transmitido el oportuno plan de trabajo. Expresión directa de los materiales de construcción a través de los propios instrumentos musicales, acentuación de las instalaciones desde la misma cimentación, superposición de geometrías melódicas por cada planta y entrelazamiento de los espacios resultantes en función de cada sección rítmica. Los tres primeros temas de la cara A, "Morning Land", "Crapolino" y "Knochentanz" incluyen y resaltan el sonido saltarín del hormigón armado en su estructura, los muros de la última composición recrean la compleja ornamentación pétrea con escayolas de percusión, líneas de yeso, saxos e inyecciones de líquido desmoldeante. Al final de ese tema se recrea un espacio idóneo, tanto que parece reivindicar una torre de Babel aun posible.

Los cuatro temas que siguen en la cara B, "Fernlicht", "Juggernaut", "Schön Rund" y "Prends Ton Temps" muestran el volquete de la banda en plena carrera por el circuito alambrado de la obra. Si el primero se asemeja a un Schlager inocuo, el segundo muestra al oyente la reacción sonora ante un probable cortocircuito hidráulico, el motor bombea lubricante con demasiada presión y, al final, los manguitos no soportan el empuje y parecen anticipar una suerte de colapso de la maquinaria. No ocurre así, porque en "Schönd Rund" (la "buena ronda", otra prolongada pieza del disco) los encargados de la obra deciden hacer un alto preventivo. Desde los teclados aparecen aquí tanto la innovación deconstructiva del monumento muniqués degradado por la guerra, como la textura del ladrillo tosco embellecido por una coloración romántica. En la última pieza, "Prends Ton Temps", entiende la banda que debe plantearse la efectividad del trabajo hasta ahora realizado. Extiende sus ondas sísmicas hasta el subsuelo del edificio mientras los distintos instrumentos mantienen un lenguaje casi imposible de comprender.

Faust retorna a Alemania después de una fracasada gira por Inglaterra que culmina con la salida de su icónico mánager, Uwe Nettelbeck. En principio Virgin Records sigue confiando en la banda de Hamburgo y, a pesar de las deficitarias ventas de sus dos anteriores obras ("The Faust Tapes" y "Faust IV"), acuerda financiar la grabación de este su quinto trabajo. Los disparados costes en los Musicland Studios de Giorgio Moroder, además de los gastos de alojamiento de la banda en un hotel considerado entonces de lujo, otorgan a Richard Branson la excusa perfecta para recular y negarse a pagar la factura final. Las madres de Irmler y Sosna no solo asumen el desembolso de la cuenta resultante (y, de paso, liberan a ambos músicos del arresto cautelar impuesto por un juzgado muniqués), también deciden secuestrar las cintas de grabación y depositarlas en un lugar hasta hace muy poco desconocido. 

Honor para ellas por hacernos tal regalo.








Comentarios

  1. Por tu artículo entendí lo que implica la palabra Klaut. Pero en cuanto al grupo no rescaté mucho pero no por tu culpa sino por mi ignorancia en cuanto a su música. Ah... muy buena la descripción del hotel Arabella.

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    1. Agradecido Alí por tu comentario. Entiendo también que es esta tu primera incursión en el kraut, un estilo de música siempre sorprendente. Ojalá puedas introducirte más en él.
      Saludos,

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  2. No sabía de este rescate de los autores de "Faust So Far", Javier, cosa grave conociendo como conoces la admiración que siento por esta sagrada institución kraut. Apuntadísimo, por supuesto.

    Un abrazo.

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    2. Gon, yo también quedé sorprendido cuando me enteré de la publicación de este disco fantasma de Faust. Comparado con el resto de su discografía no desmerece para nada.
      Abrazos,

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  3. Perdón. Le he dado al botón antes de terminar. Y ahora de castigo vuelvo a escribir de memoria...

    Decía que no conozco Munich aunque sé del sufrimiento de esa ciudad en la guerra. Me gusta suponer que, por estar tan al sur del país, sus habitantes tienen ya un leve influjo del carácter latino que les falta a los del norte. Queda bien ahí ese "sonido Munich", que como bien dices dirigió (no se si aún lo hace) el ínclito italiano-austriaco-alemán Giogio, que se había hecho famoso en media Europa a finales de los 60 con el dichoso "Looky Looky".

    En cuanto a Faust, me acabas de sorprender. Sé que hay cientos de cintas por ahí, esperando su turno, pero no sabía que las de Munich acaban de ser publicadas. Así que me pondré a ello. El rock alemán, en general, me atrae a ratos porque en grandes dosis puede llegar a ser letal, pero Faust son uno de los grupos que más respeto, tal vez junto a CAN y, a rachas, NEU!.

    En la Isla podían haber alcanzado un estatus parecido al de estas dos bandas, pero la estrategia de Branson fue una mierda, con todos los respetos: aquel "disco" que organizó a base de cintas sueltas (o sea, las "Faust tapes") que vendió como presentación del grupo no les hizo ningún favor, aunque fuese a precio de saldo. Los británicos, que ya por lo general desprecian en su ignorancia la mayor parte del rock alemán (el término "kraut rock" no lo inventaron ellos, pero lo aceptaron encantados), vieron esto como otra ida de olla de esa pandilla de alemanes enloquecidos por la guerra, o algo así. Y recordaréis que los propios Faust abren su cuarto disco con "Krautrock", en la que se compendian casi todos los ingredientes que se esperan de una banda germana. ¿Es una burla sobre una palabra convertida en cliché?

    En fin. Lo dicho, que me pondré a ello. Y como siempre, una entrada plástica, con imágenes, para releer.

    Y felices vacances....

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    1. Pues si, la conexión de la ciudad de Munich con los Musicland Studios de Giorgio Moroder es el principal eslabón rock en una ciudad en principio tan ajena a esta cultura. Hay un Museo del Rock en el Parque Olímpico pero le falta el caché que tuvo ese mítico estudio de grabación.

      Y la historia de Faust con Virgin no deja de ser un lamentable fracaso, achacable a un Branson que, pese a no andar por entonces corto de pasta (el "Tubular Bells" se vendía como rosquillas), prefirió desprenderse de todo lo que sonara a Faust (incluso de investigar la desaparición de las cintas originales de esta grabación) antes de aceptar un nuevo déficit como el que sufrió con sus "Faust Tapes".

      Me sigo manifestando un enamorado de esta música. Bandas como Can, Amon Düül, Neu!, Faust, Tangerine Dream, Harmonia, Ash Ra Temple, Cluster, Embryo, Popol Vuh, Kraftwerk y tantas otras forman parte de mi mejor educación musical.

      Gracias y que pases también unas felices vacaciones.


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  4. Aquí me pierdo bastante. He entrado en: https://www.rockaxis.com/vanguardia/noticia/31057/faust-planea-box-set-de-ocho-discos-de-su-periodo-clasico/
    para ver si pillaba algo. Algo si he pillado, pero me pasa como a Rick, de esta música solo me interesa (de verdad) CAN. Para mí son palabras mayores. El resto de estos grupos "Krautrock" no me han entrado mucho en ningún momento. Aunque siempre se aprenden cosas, y más con esa forma de entrar en materia que te gastas, Javier. Se agradece.
    Saludos.

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  5. Entiendo lo de CAN (así, con mayúsculas), sin lugar a duda el grupo más revelador e importante de toda esta escena kraut. Tuve la suerte de meterme enseguida con este estilo, gracias sobre todo a los discos de estos últimos, de Amon Düül y de Tangerine Dream, mis primeras compras, y la verdad es que me llegaron ipso facto, sin ninguna complicación. Siempre he tenido querencia por la música experimental o de vanguardia, el jazz (un estilo al que también me acostumbré pronto) me ayudó mucho.

    Ea!, recién vuelto de Chiclana y alrededores y ya lo echo de menos.

    Saludos,

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