SLOWDIVE: "SLOWDIVE" (2017)
Me encuentro ante el ordenador, llevo apenas una hora en la habitación, la penumbra comienza a extender sus alas plateadas. Estoy sentado frente a una pared en cuyas estanterías los discos ocupan todo su espacio visible. Allí se encuentan algunas fotografías, revistas de música, cómics, miniaturas y postales dispersas. El cuarto se halla tan solo iluminado por un foco lateral y me resultaría imposible asegurar que todo eso sea exterior a mi cuerpo y mi pensamiento. Son almas de objetos lo que estoy mirando, no objetos. Ocurre algo semejante con el disco homónimo de Slowdive (Dead Oceans, 2017). Bifurca su camino entre un objeto físico y una entidad inasible. Este segundo factor acumula mayor peso, facilita el que la imaginación campe a sus anchas, que no prime en esta obra la pesantez racionalista. En este sentido hablar, calificar, diseccionar, analizar, materializar su contenido supone trabajo felizmente no remunerado. Avanzemos entonces por estre sendero, pensemos que ca...



Es curioso ver cómo unas escenas que probablemente han sido repetidas muchas veces adquieren nueva vida gracias a los encuadres, que son realmente los que revelan el carácter del fotógrafo. La primera, que podría parecer insustancial, es precisamente la que más me gusta, porque tiene un raro punto insólito que no sabría describir. Quizá la segunda sea más convencional, puesto que la pintura de la pared ya da mucho trabajo hecho, y la tercera es otra demostración de lo artística que puede llegar a ser la simplicidad y economía de medios. Se nota el tono profesional, no hay duda.
ResponderEliminarGracias Rick. La primera la vi en seguida, fue instantánea. La segunda, más fácil, la tercera, fue una revelación, en no pocas veces se observan cosas más seductoras a pie de calle, sin necesidad de mirar más arriba.
ResponderEliminarSaludos,
Javier.
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